Alonso, Pedrosa & Burger King (y Urdaci)
No se si os habéis dado cuenta pero los deportes relacionados con el motor han tenido una importante aceptación entre el gran público. Las campañas de marketing realizadas tanto por Televisión Española y Telecinco han conseguido arrastrar hasta la pequeña pantalla a personas que ni en sus más temidas pesadillas,pensaban en ver durante casi hora y media cómo docena y media de motos y coches dan vueltas a un circuito.
El mundo de la velocidad engancha y te atrapa sin que te des cuenta. El mundo no para, ya lo decía Jimmy Fontana, y la noche sucede al día, y así, sucesivamente. El problema de la velocidad es que, si te pasas, probablemente, si no andas con cuidado y te pasas metiendo gas o pisando el acelerador, más tarde o más temprano, termines chocando contra el muro.
Y es que a veces nos dejamos llevar, sin controlarnos y perdemos la oportunidad de apreciar, en su total plenitud, a personas y momentos. Instantes de total belleza que, debido a la inercia a la que estamos sometidos, pueden perder toda su pureza y significado.
La velocidad es importante, por supuesto; pero en un momento social como el que estamos viviéndo en el que la radicalidad y el extremismo están a la orden del día, es bueno pararse a pensar. Hacer una cadencia, tomar aire, respirar. Saborear. Paliar en lo posible la cultura de la comida rápida, del 'fast-food', del 'fuck&run', del adelgace en quince días, del aprenda inglés en una semana, del gane dinero en 72 horas...
Paladear y saborear con placer. Aprender a tomar los entrantes, mientras bebes un buen vino, a la espera de la llegada del primer plato. Olvidar el corto plazo. Saber ver que, antes del postre, el cafe, la copa y el puro, tienes un primer plato y un segundo plato en el que disfrutar de la experiencia del comer y una buena compañía. Todo tiene su cadencia.
La velocidad suele pasar factura. Ya lo decía el niño de El Fary: 'y cuanto más acelero, más calentito me pongo...'. Si no recuerdo mal, el chaval, al final del videoclip, se pegaba una leche y se caía de la moto. Pues eso. Que al final la velocidad constante es lo que importa. Sin correr, pero sin parar. Y poniendo en cada momento los cinco sentidos en la carretera para no perder nada de vista, ni perder ni un detalle.
Porque, al fin y al cabo, tenemos todo el tiempo del mundo... o no.
(...)
De propina, una joyita...
Por cierto, su último libro 'Cómo salir del infierno' sorprende.
El mundo de la velocidad engancha y te atrapa sin que te des cuenta. El mundo no para, ya lo decía Jimmy Fontana, y la noche sucede al día, y así, sucesivamente. El problema de la velocidad es que, si te pasas, probablemente, si no andas con cuidado y te pasas metiendo gas o pisando el acelerador, más tarde o más temprano, termines chocando contra el muro.
Y es que a veces nos dejamos llevar, sin controlarnos y perdemos la oportunidad de apreciar, en su total plenitud, a personas y momentos. Instantes de total belleza que, debido a la inercia a la que estamos sometidos, pueden perder toda su pureza y significado.
La velocidad es importante, por supuesto; pero en un momento social como el que estamos viviéndo en el que la radicalidad y el extremismo están a la orden del día, es bueno pararse a pensar. Hacer una cadencia, tomar aire, respirar. Saborear. Paliar en lo posible la cultura de la comida rápida, del 'fast-food', del 'fuck&run', del adelgace en quince días, del aprenda inglés en una semana, del gane dinero en 72 horas...
Paladear y saborear con placer. Aprender a tomar los entrantes, mientras bebes un buen vino, a la espera de la llegada del primer plato. Olvidar el corto plazo. Saber ver que, antes del postre, el cafe, la copa y el puro, tienes un primer plato y un segundo plato en el que disfrutar de la experiencia del comer y una buena compañía. Todo tiene su cadencia.
La velocidad suele pasar factura. Ya lo decía el niño de El Fary: 'y cuanto más acelero, más calentito me pongo...'. Si no recuerdo mal, el chaval, al final del videoclip, se pegaba una leche y se caía de la moto. Pues eso. Que al final la velocidad constante es lo que importa. Sin correr, pero sin parar. Y poniendo en cada momento los cinco sentidos en la carretera para no perder nada de vista, ni perder ni un detalle.
Porque, al fin y al cabo, tenemos todo el tiempo del mundo... o no.
(...)
De propina, una joyita...
Por cierto, su último libro 'Cómo salir del infierno' sorprende.

6 Comments:
por cierto, disculpad si no os visito, pero estoy sin ordenador en casa... mis abrazos y besos para todos los lectores. en breve volveré a pasarme por vuestros blogs...
Esos cibers...
Pues sí, estoy de acuerdo contigo, la velocidad nos rodea y no nos deja disfrutar del presente. Y luego, encima, nos piden que seamos proactivos y nos adelantemos al futuro... El presente está huérfano, lo hemos abandonado.
Alonso me cae mal.
Alfonsito, como diría mi amiga Rocío, es borde, sí. Todo lo contrario a Pedrosa, uno de los deportistas con mayor carisma de los últimos años, además del relevo natural de Rossi.
por san jordi regalé el libro de urdaci a un amigo q es fan suyo. puedes azotarme.
azotado quedás...
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